divendres, 16 de novembre del 2012

Feria del caballo en Puigcerdà

Aquel fin de semana era la Feria del Caballo en la Cerdanya. Yo y mi madre nos dirigíamos a la ciudad de Puigcerdà con gran entusiasmo por ver a los animales en todo su esplendor. El tiempo era soleado y al llegar al recinto se podían atisbar hermosos ejemplares de diferentes razas autóctonas. Los caballos estaban encerrados en garitas de madera con el suelo lleno de paja. Se realizaban demostraciones y un concurso al mejor caballo de la feria. Después de unos metros de caminar viéndolos en fila unos tras otros, empezó una zona de gastronomía autóctona de la comarca. Allí había de todo, y además los feriantes gratificaban a los visitantes con pedacitos de los diferentes productos. A mi me encantó el queso de cabra que me proporcionaba al paladar un delicado gusto aromatizado con hierbas medicinales. En la feria había feriantes de todos los rincones de la comarca pero también habían llegado de Francia por la proximidad con la localidad. En uno de los stands un feriante francés tenía un queso enorme aplanado. Un cliente al pedirle un trozo hizo que el feriante sacara un hilo para cortar un trozo. Mi madre no pudo resistirse y masticó con discernimiento el queso seco y sabroso. En otro de los stands tenían miel de flores. La guardaban en unos tupper ware de plástico donde estaba parte del panel intacto recubierto de miel. Tomé un poco de miel y me la metí en la boca. La pegajosidad de ésta invadió mis dientes, encías, lengua… A pesar de esta sensación pensé… -coge uno para tomar con el yogurt de postre- Después pasamos por delante de un puesto que tenía embutido de gran calidad. Sólo estar delante pudimos olfatear el olor de éstos y a lo siguiente la boca se nos hacía agua. El propietario del negocio, un chico joven, nos dejó probar de inmediato el género. Mi madre no se lo pensó, dame un lomo embuchado que sabe a gloria y un fuet de los que cuelgan de ese poste. La feria seguía y seguía con puestos de chocolate con churros, menaje del hogar, compañías de seguros… en fin una retahíla de servicios y productos para todos los gustos. Se acercaba la hora de la comida. Habíamos hecho la reserva en el restaurante Pizzería para la 1:30pm. De pronto el tiempo estaba cambiando, nubes amenazaban el bonito día soleado. Subimos desde la feria hasta lo alto del municipio de Puigcerdà. Al llegar cuál fue nuestra sorpresa al vislumbrar que en las calles principales había todavía más feriantes. En este caso la mayoría eran artesanos. Después de recorrer las calles llegamos al fin al restaurante. Lo único que pedí al cielo para mi madre era que fuera un lugar tranquilo sin ruido y que la comida fuera decente para el sentido del gusto. Al entrar nos dieron la mesa perfecta. Alejada del resto, contemplábamos la cocina a través de un gran ventanal. A nuestro lado sentados habían una pareja con dos criaturas. -¡Mierda!- pensé Como empiecen a gritar…intenté proseguir sin dar importancia excesiva al detalle. Nos sirvieron el vino tinto en unas copas grandes y brillantes, al saborearlo las papilas gustativas raspaban las unas con las otras y el paladar. Después de todo el mini banquete que habíamos tenido en la feria, nuestro apetito no era óptimo. Así que decidimos hacer algo ligero. -¿Y si tomamos una pizza?- dije yo interrogativamente -Me parece una buenísima idea- contestó mi madre -¿Cuál te apetece?- replicó -La pizza montaña- dije yo. Al cabo de unos pocos minutos dos pizzas montaña aterrizaban encima de nuestra mesa. La masa era tan fina que parecía una crepe. La pizza llevaba principalmente queso de cabra y miel. Muy dulce y muy salada a la vez al gusto. Una dicotomía de sabores que se entremezclaban con un sabor final exquisito mejorados por la salsa de tomate. Al final quedaban los postres y todo sin que apenas se oyera un solo ruido por encima de lo normal. Los niños permanecían distraídos y mi madre estaba feliz compartiendo el día del santo de su hija con ella. Un postre ahora. Mel y mató. Al llegar el postre el mató era mucho para la poca cantidad de miel. Ningún problema, llevábamos nuestra propia miel comprada pocos minutos antes. Solo fue coger una cuchara y con destreza sacar la masa pegajosa hasta el desolado mató. Masticamos la frescura del mató con la calidez de la miel y el contraste resultó delicioso. Mi madre disfrutó conmigo de una comida sabrosa, en silencio y dulce como la miel.

dijous, 15 de novembre del 2012

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El sueño del oasis

En un lugar muy muy lejano del África septentrional había salido de su casa, de planta cuadrangular, el patriarca de la familia bereber. Hacía semanas que caminaba en dirección a un oasis del que le habían hablado aunque no sabía si realmente existía. El camino había sido relativamente fácil hasta ahora pero el desierto del Sáhara apareció con todo su esplendor delante de el. Se acabaron las provisiones en pueblecitos y puestos ambulantes. Ahora su vida dependía estrictamente de lo que llevaba consigo mismo. Puso el primer pie en la arena y notó como se deslizaba sutilmente sobre ella. Caminó, caminó y caminó bajo un sol de justícia sin ningún animal que lo ayudara. Según le habían dicho el oasis se encontraba sólo si uno daba todo aquello que llevaba en su interior. Después de unos días, exhausto, sin agua, sin comida…pensó que había llegado su hora final. Cuando caminaba hacia lo alto de una gigante duna, llegó a su cumbre y vislumbró lo que parecía ser un oasis. Aunque no sabía si se trataba de un espejismo o de una realidad. Sin apenas fuerzas y agotado por el viaje se desmayó y fue rodando duna abajo sin parar. El inconsciente habla: ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado? Y un fuerte dolor de cabeza acompaña al bereber causado por la extenuación. Sigue con los ojos cerrados. No sabe dónde se encuentra. Sólo siente que alguien está junto a él. Alguien que le cuida y le protege. Se queda de nuevo profundamente dormido. Y así siguió durante 3 días y 3 noches hasta que al cuarto día poco a poco los ojos se fueron abriendo. Al abrirlos completamente se vió desnudo dentro de una manta en una haima con todos los enseres necesarios para la vida. A su lado había una chilaba maravillosa. Tenía rayas verdes en diferentes colores las cuales eran separadas por una fina línea de rayas doradas. Se levantó y se enfundó la chilaba que le sentaba como anillo al dedo. Salió de la haima y delante suyo apareció el oasis más maravilloso que había visto. Había un frescor en el aire en medio de todo aquel desierto. Las palmeras estaban cargadas de dátiles que de maduros caían al suelo sin más obstáculo. El agua del pequeño manantial brillaba por el sol del mediodía. Se sentía mejor, mucho mejor después de todo aquel tiempo inconsciente. El inconsciente habla: ¿Estoy durmiendo o despierto? ¿Es este el oasis del que me hablaron? ¿Quién vive aquí? De repente, al otro lado del manantial de agua divisó la figura de una mujer. No era una mujer de la región ni tan sólo del país sino una extranjera. Poco a poco se fue acercando y al estar junto a él sonrió y le dijo: -Te sienta muy bien la chilaba que escogí para ti. -¿si? Gracias -Bienvenido al sueño del oasis, dónde todos tus sueños se van a hacer realidad -¿Cuál es el tuyo?...

dimecres, 14 de novembre del 2012

Un nou començament...

Després de molts i molts mesos d'indecisió m'he decidit a obrir aquest blog oficial que intentaré que tingui tanta "vidilla" com el Facebook! Ens anem veiem per aquí!