dijous, 15 de novembre del 2012
El sueño del oasis
En un lugar muy muy lejano del África septentrional había salido de su casa, de planta cuadrangular, el patriarca de la familia bereber. Hacía semanas que caminaba en dirección a un oasis del que le habían hablado aunque no sabía si realmente existía. El camino había sido relativamente fácil hasta ahora pero el desierto del Sáhara apareció con todo su esplendor delante de el. Se acabaron las provisiones en pueblecitos y puestos ambulantes. Ahora su vida dependía estrictamente de lo que llevaba consigo mismo. Puso el primer pie en la arena y notó como se deslizaba sutilmente sobre ella. Caminó, caminó y caminó bajo un sol de justícia sin ningún animal que lo ayudara. Según le habían dicho el oasis se encontraba sólo si uno daba todo aquello que llevaba en su interior. Después de unos días, exhausto, sin agua, sin comida…pensó que había llegado su hora final. Cuando caminaba hacia lo alto de una gigante duna, llegó a su cumbre y vislumbró lo que parecía ser un oasis. Aunque no sabía si se trataba de un espejismo o de una realidad. Sin apenas fuerzas y agotado por el viaje se desmayó y fue rodando duna abajo sin parar.
El inconsciente habla: ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado?
Y un fuerte dolor de cabeza acompaña al bereber causado por la extenuación. Sigue con los ojos cerrados. No sabe dónde se encuentra. Sólo siente que alguien está junto a él. Alguien que le cuida y le protege. Se queda de nuevo profundamente dormido.
Y así siguió durante 3 días y 3 noches hasta que al cuarto día poco a poco los ojos se fueron abriendo.
Al abrirlos completamente se vió desnudo dentro de una manta en una haima con todos los enseres necesarios para la vida. A su lado había una chilaba maravillosa. Tenía rayas verdes en diferentes colores las cuales eran separadas por una fina línea de rayas doradas.
Se levantó y se enfundó la chilaba que le sentaba como anillo al dedo. Salió de la haima y delante suyo apareció el oasis más maravilloso que había visto. Había un frescor en el aire en medio de todo aquel desierto. Las palmeras estaban cargadas de dátiles que de maduros caían al suelo sin más obstáculo. El agua del pequeño manantial brillaba por el sol del mediodía. Se sentía mejor, mucho mejor después de todo aquel tiempo inconsciente.
El inconsciente habla: ¿Estoy durmiendo o despierto? ¿Es este el oasis del que me hablaron? ¿Quién vive aquí?
De repente, al otro lado del manantial de agua divisó la figura de una mujer. No era una mujer de la región ni tan sólo del país sino una extranjera. Poco a poco se fue acercando y al estar junto a él sonrió y le dijo:
-Te sienta muy bien la chilaba que escogí para ti.
-¿si? Gracias
-Bienvenido al sueño del oasis, dónde todos tus sueños se van a hacer realidad
-¿Cuál es el tuyo?...
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Mi sueño hoy por hoy, es tenerte cómo amiga, querernos y que nos quieran.Y el que no sepa amar?Seguro que se pierde en el desierto! Genial el post!
ResponEliminaGracias amiga por leerme, el apoyo y por sentirme querida! Un besito compi de "vermuts"!
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