dissabte, 26 de gener del 2013

Hare Krishna

Aquel jueves estaba esperando en la plaza del Hotel Suizo; estaban ya puestas las luces navideñas. La gente iba y venía en todas direcciones. De pronto 3 chicos, 1 chica y dos chicos llegaron con sus bicicletas hasta el aparcamiento para bicicletas. Me llamaron la atención porque parecían salidos de un ambiente rural, llevando ropa de lana de mucho abrigo y una caja grande colgando de sus hombros. Ataron las bicicletas en los candados y las dejaron allí mientras se iban calle arriba. Yo desvié la atención de la escena pero al cabo de poco rato una melodía musical venía de la calle perpendicular por donde se habían metido. Me pareció tan deliciosamente bien tocada que no me reprimí y me levanté siguiendo las notas musicales por la calle. Llegué hasta donde estaban los tres en el suelo y no paraban de tocar y cantar alegremente. Me fijé que nadie les daba nada. Después de pasar una primera vez por delante suyo me los quedé mirando con ganas de saber más sobre ellos. Por último, fui hasta una tienda de escritura y al acabar volví a pasar frente a ellos esta vez más rápidamente. Al llegar a la plaza de nuevo me senté y vi como a lo lejos un grupo de tres personas, les daban una propina haciendo al instante la salutación tradicional india con las dos manos y reclinando la cabeza. Al cabo de un rato los 3 chicos volvían a estar en el aparcamiento envueltos de lana y con todos los instrumentos embalados. (El músico canta y piensa mientras va en bici) “Hare Krishna, Hare Krishna…” “Cantaremos cantos devocionales hasta quedar exhaustos. Hoy en Barcelona hace frío, mucho frío. Hemos hecho bien de abrigarnos así. Al llegar a la plaza nos bajamos con precaución para no dañar los instrumentos y colocamos los candados”. La plaza está bastante llena de gente igual que las calles, esperamos que los cantos a Krishna gusten a la gente y nos concedan una buena recompensa. Subimos cargados con los instrumentos a cuestas: un tambor, una especie de acordeón y unos platillos. Queremos llevar la atmósfera de cualquier centro Hare Krishna a la calle. Ponemos una manta en el frío suelo de piedra y nos preparamos afinando los instrumentos. Al cabo de pocos momentos los 3 estamos tocando y cantando con toda la energía. En un rato, una chica con una bufanda lila y granate se acerca mirando con curiosidad. Los 3 la miramos sonriendo por su atención. Se va calle arriba. Sigue pasando gente arriba y abajo. Nadie se para para darles dinero. En unos minutos la chica de antes vuelve a cruzarse por delante de nosotros esta vez algo más deprisa y sin mirarnos. Seguimos tocando y cantando pero percibimos que hoy la gente no está receptiva. Decidimos recoger nuestro pequeño ashram. Bajamos la calle dirección a las bicicletas después de empaquetar todos los instrumentos. En la plaza nos abrigamos bien para guardarnos del intenso frío. Estoy en la plaza flipao de la cantidad de gente que hay y de la cantidad de luces navideñas que han puesto. Me encuentro apoyado al lado de una tienda de numismática y filatelia. Veo gente en los bancos, especialmente están allí porque fuman como yo, hay una chica con una bufanda de colores vivos. De pronto unos colgaos llegan en bicicleta. Son 3 y van muy tapados con ropa extraña de lana de abrigo. También van cargados con una caja y un tambor enorme. Estoy seguro que son de los pesaos de siempre que se ponen a tocar en cualquier esquina y tienen a los vecinos contentos. Los veo que se dirigen calle arriba (Piensa) Voy a seguirles para ver qué hacen. Al poco se paran y empiezan a montar el chiringuito en uno de los laterales de la calle. Cuando tienen los artilugios listos empiezan a tocar y cantar por decir algo…Qué asco! Nadie les da un centavo, no me extraña por otra parte. Me quedo un rato para ver como dan pena. Al cabo de un rato, seguramente avergonzados por el estrepitoso fiasco recogen la paradita y se largan los tres con sus bicis por donde h

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